domingo, 26 de febrero de 2012

El Desierto

Creo que lo único que nos quedaba por ver en éste viaje era un desierto. Bueno, para que el desierto no se sintiese mal decidimos que teníamos que hacerle una visita, y que mejor que el de Atacama, uno de los desiertos más áridos del mundo, para hacer esa incursión. La manera de llegar no era alentadora, 11 incómodas horas sobre un bus de la empresa SikTur (de las cuales hubo dos detenciones de al menos media hora para que los carabineros: 1)bajen a todos los peruanos de sexo masculino y tez oscura del micro, y 2) para revisar cada uno de los equipajes. Incluso, el destino tampoco fue San Pedro, sino que fué Calama, una ciudad minera sin mayores atractivos. Pasado el periplo arribamos al pueblo de nombre de raigambre católica. Después de todo eso el humor tal vez no fuese el mejor, pero fué bajar del micro para que el semblante cambie totalmente. Un pueblo al estilo de Purmamarca, pequeño, de casas de adobe, nos abrió los brazos. Tras encontrar un alojamiento y dejar los bolsos salimos a dar una vuelta y averiguar que actividades se podrían realizar. Aparentemente, en el desierto más árido del mundo había estado lloviendo durante las últimas jornadas, por lo que la inestabilidad del piso hacía complicada algunas excursiones. Las únicas disponibles durante un tiempo iban a ser las del Valle de la Luna, el Valle de la Muerte y el de las lagunas altiplánicas. Decididos a arrancar pronto, contratamos para esa misma tarde la que nos llevaría a los valles de la Luna y de la Muerte. Se dió una cosa muy particular para cuando llegamos, el piso estaba llendo de salitre, lo que le daba un aspecto nevado muy poco común. El paisaje de los valles se entremezcla con las diferentes cordilleras que los rodean y hacen del lugar un espacio único en el mundo. No se cómo se verá la luna realmente, pero en tren de suposiciones creo que como mínimo debe parecerse un poco a éste lugar, en donde la aridez gana posiciones con facilidad en todos los rincones, coronados por unas dunas que terminan por funcionar como el mirador perfecto para reconocer el paisaje. Bien temprano en la mañana comenzó la siguiente excursión, la de las lagunas, ésto ya que el primer destino era el Salar de Atacama, en dónde tendríamos la oportunidad de ver flamencos. Llegamos antes que nadie al lugar, sin embargo una mezcla de impericia con mal cálculo y falta de ganas de explicar por parte de nuestro guía dieron como consecuencia que varios grupos se nos adelantaran y para cuando llegamos al lugar en dónde estaban éstas aves, la afluencia de gente ya las había espantado al menos de los bordes, por lo que tuvimos que apreciarlas a cierta distancia. Luego nos subimos de nuevo a la camioneta y subimos hasta los 4200 metros sobre el nivel del mar para conocer las lagunas altiplánicas. Miscanti y Miñique, sus nombres originales, transmiten una paz y una calma pocas veces visto (aunque arruinados por la irrespetuosa irrupción de los diferentes contingentes turísticos, capaces de tirarse del pico más alto sólo para tener una buena foto de perfil en facebook). Retornamos a San Pedro, para finalmente partir rumbo a Valparaíso a la mañana siguiente.

martes, 21 de febrero de 2012

La nada misma

En Tacna no hay nada, y no puedo creer que sea la segunda vez que visito la ciudad. Sus únicos atractivos son la zona franca (con todo tipo de productos libres de impuestos) y los distintos negocios que hay por ahí. El centro es pintoresco pero no pasa de un par de cuadras. Básicamente, para un chileno ir a Tacna es como para un argentino ir a Villazón: todo baratísimo. Como bien dije en el post anterior, el objetivo era ir bajando a San Pedro, entonces tras 20 horas de viaje decidimos pasar la noche y al otro día salir para Arica con el objetivo de ver si nos podíamos tomar cualquier cosa que nos deje un poco mas al sur. Cruzamos la frontera pasado el mediodia y llegamos a la ciudad chilena en donde nos desayunamos (aunque visto la hora podría decirse mejor que nos merendamos) conque estaba todo agotadísimo para cualquier ciudad un poco más cerca de San Pedro. Iquique: agotado. Antofagasta: agotado. San Pedro directamente: agotadísimo. Calama: agot....MOMENTO!!! quedaban exactamente dos lugares disponibles. Ni uno más ni uno menos. Obviamente los compramos. Como el bus recién saldría a las 22:30hs. aprovechamos para pasar la tarde y cenar en Arica. El viaje a Calama fue de otras 20hs. Arribamos a destino alrededor de las 9:30 de la mañana, y de ahí compramos pasaje para una hora después a San Pedro. Al final terminó saliendo bastante redondo, aunque con mucha suerte. En el próximo post les cuento sobre San Pedro de Atacama, que entra tranquilamente dentro del top 3 de lugares que visitamos.

viernes, 17 de febrero de 2012

Limándola parte 2

Tras Iquitos retornamos a Lima. La novedad, ésta vez, fué la visita al Callao, uno de los barrios más peligrosos de la ciudad, sin embargo también uno de los más lindos para conocer y visitar. Tomamos un taxi desde Miraflores que nos dejó en La Punta y empezamos a caminar el lugar, conociéndo, viendo un poco. El almuerzo fué delicioso, hay pocas cosas que superan al pescado cuando es fresco de verdad. Tras el almuerzo volvimos a Miraflores para ir a las ruinas de Huaca-Pucllana, pero llegamos tarde para poder ver más que la entrada. Ya arranca el tramo de regreso. Hoy salimos a Tacna para el domingo ir entrando en Chile, y si todo sale bien el lunes estar en San Pedro de Atacama.

martes, 14 de febrero de 2012

En la jungla tan imponente

El objetivo del viaje fue siempre Iquitos. La idea era, básicamente, ir a la selva, ir al Amazonas. El plan original, extremadamente pretencioso, implicaba ir subiendo hasta llegar a Yurimaguas y desde ahí hacer un viaje de tres dias y dos noches en barco. Como bien decía, ese era el plan original, que terminó por derrumbarse al verse limitado por el factor económico, tan trascendental a la hora de tomar este tipo de determinaciones. Finalmente optamos por el menos glamoroso, aunque igual de efectivo, vuelo de Lima a Iquitos. Tras una demora de una hora (aparentemente la tónica general de Peruvian Airlines) arribamos al destino fijado. De entrada las novedades fueron que podíamos ir del aeropuerto al hostel en el clásico taxi o bien optar por una opción más aventurada y riesgosa, el motocar, unas motos con un cubículo detrás en donde caben tres personas. El riesgo de ésto es que dada la informalidad del medio de transporte (más adelante nos enteraríamos que de los 30.000 motocars que hay circulando, sólo 5000 tienen licencia oficial) uno puede toparse con cualquier cosa, llegando al punto de ser asaltado. Llegamos al hostal y lo primero que hicimos, tras la ya casi protocolar vuelta por el centro, fué visitar el distrito de Belén. Se trata de un barrio construido a la vera y por sobre el río Itaya. Si, no se trata de un error, la mayor parte de las construcciones son sobre pilotes, lo que convierte al lugar en un destino único. El gran problema es la inseguridad ya que, básicamente, se trata de una villa. Otro punto distintivo es el mercado de Belén, en donde se vende de todo, brebajes, pociones, animales, comidas exóticas, todo acompañado por una higiene digna de los asentamientos a orillas del riachuelo. Al día siguiente, ahora sí, entramos en la selva. No muy profunda ciertamente, pero selva al fin. El tour consistía en una visita a la tribu Yagua que nos deleitó con unos bailes típicos y una especie de desfile, que nos deja como enseñanza que la raza humana no tiene límites a la hora de querer vender algo. Acto seguidoo visitamos a un Shamán, que nos contó sobre los poderesa curativos de ciertas plantas, más una degustación del trago 7 raíces. Hasta ahí todo muy armado, muy plástico, pero luego se fue poniendo bueno cuando empezamos a caminar por la selva, a meternos un poquitito. Al atardecer pudimos ver como se hace el jugo de caña (por cierto, delicioso), y tras otra caminata fuimos a ver el atardecer al Amazonas. Finalmente, al anochecer, navegamos no muy lejos para, en una absoluta oscuridad, oir los ruidos de la selva de noche. No parece gran cosa pero estuvo muy bueno, creo que lo disfrutamos todos los que estábamos en ese barco. La mañana siguiente comenzó con una visita a una reserva de animales, en donde vimos unos cuantos monos, un tucán, un guacamayo, y algunas variedades de ofidios. Luego fuimos a pescar pirañas aunque con suerte esquiva para finalmente volver a la ciudad. El domingo, finalmente, fuimos al zoológico en donde me pude dar el gusto de levantar una anaconda y ver cincuenta y pico variedades de especies selváticas. Creo que Iquitos hubiese merecido, al menos, un día más, ya que quedaron muchas cosas para hacer, entre las que podría incluirse un adentramiento mayor en la selva o la visita a diferentes pueblos. El regreso a Lima fue el lunes a la mañana (tras otro retraso de una hora de Peruvian Airlines).

Limándola

Tiene playa, tiene vida nocturna, tiene buena vibra. Lima la rompe! Es una ciudad que me encanta y a la cual volveré varias veces más porque la disfruto un montón. A todo eso hay que sumarle que encontré un hostel ideal para disfrutar de todo esto, lo que convierte todo en una experiencia mucho más placentera. Estoy convencido que si uno va a un buen hostel se termina llevando una impresión buena aún de la ciudad más gris. No hay mucho para contar realmente porque todo lo que visité ya lo había recorrido el año anterior. Miraflores, Barranco, La Victoria. El detalle gracioso fué que cuando visitamos el centro histórico cruzamos el Rimac y empezamos a caminar por una bonita peatonal, coronada un par de cuadras después con una iglesia, pero siempre a sabiendas de que se trata de una zona peligrosa. A las dos cuadras nos paran dos policías para advertirnos sobre las cámaras y para preguntarnos si ibamos muy lejos. Al responderles el destino en seguida se ofrecieron a acompañarnos de cerca para que no nos pase nada! Viendo la situación decidimos pegar la vuelta, no valía la pena exponernos a nosotros y a los demás a cualquier cosa por una iglesia pedorra. Fueron un par de días muy buenos, aunque lluviosos, y la próxima parada es la que más me entusiasma: Iquitos y el Amazonas.

miércoles, 8 de febrero de 2012

La ciudad blanca

A la vuelta de Machu Picchu la siguieron un par de dias de merecido descanso. Basicamente se trató de hacer vida de hostel, o sea, salir a dar la quincuagésima vuelta por el centrito, algún que otro lugar no demasiado alejado y volver al lugar donde uno se está quedando. El siguiente destino fué Arequipa, ciudad que me resultó esquiva (por cuestiones económicas) el año pasado. 16 horas de micro y a las 9 de la mañana llegamos a la que es conocida como La Ciudad Blanca, ya que la mayor parte del centro y edificios característicos están construidos con una roca de origen volcánico. A su vez, se trata de la segunda ciudad mas grande del Perú, sólamente superada por la capital, Lima. La plaza de armas es muy pintoresca aunque no demasiado grande y la recorrimos en un par de horas. Al día siguiente arrancamos bien temprano en la madrugada (exactamente, a las 3:00 AM) para hacer el tour por el Cañón del Colca. El motivo principal por el que fue imperioso arrancar tan temprano fue debido a la distancia (cinco horas) que separan a Arequipa del susodicho Cañón. La primer parada fué en el mirador de la cruz del cóndor, en dónde pudimos avistar al ave más grande de la región. Son animales imponentes, que transmiten un respeto innato, uno tiene la constante sensación de que tranquilamente podría ser tomado entre sus garras y llevado al nido con la misma facilidad con la que uno levanta un gatito. El siguiente lugar fue otro mirador, en dónde pudimos apreciar con mayor detalle el ecosistema. El cañón es un lugar que merecía un tour más extenso, pero por cuestiones de tiempo tuvimos que reducirlo a un solo dia. Antes de almorzar pudimos disfrutar de unos baños termales para luego emprender el retorno al hostel. Una noche reparadora y último dia en Arequipa para luego viajar a Lima.

jueves, 2 de febrero de 2012

Machu Picchu

En general no se encuentran muchas novedades cuando uno repite destino al año siguiente de haber viajado. En algun punto, un año es poco tiempo para que algo cambie de manera tan cuantiosa que uno no pueda sorprenderse nuevamente. Podria decirse que Machu Picchu es la excepcion a la regla. Ya sea por el clima, porque uno emprendio una nueva ruta, o por lo que sea, el lugar siempre sorprende. En mi caso, fueron varias las novedades respecto de ese primer contacto en febrero del 2011. La primer novedad fue la implementacion de una tarifa para acceder a Wayna Picchu (y a la montaña Machu Picchu), algo asi como nueve dolares. El hecho de haber tenido que adquirir el ticket para Wayna Picchu por anticipado le permite a uno tomarse un rato mas para dormir, a diferencia de la otra en donde el acceso era por orden de llegada. Emprendimos la subida a eso de las 5:30, 6:00am, para estar subiendo a "la montaña joven" a las 7:45. Al llegar a la cima nos tomamos un respiro, las fotos correspondientes y decidimos encarar para el lado de la Gran Caverna, una caminata en bajada de alrededor de cuarenta minutos. Alli, tras todos los pasos protocolares correspondientes (fotos, descansar, rezongar porque "estos incas de mierda y las escaleras del orto estas!!!", etc.) comenzamos la vuelta a las ruinas, una caminata en subida de una hora y media nada mas (dentro de las cuales, 3/4 partes fueron insultos a la memoria incaica por su insistencia a la hora de utilizar escaleras). Luego de un merecido almuerzo hicimos el correspondiente tour por el parque (bajo la lluvia) y finalmente encaramos para la puerta del sol, un trayecto recto, que no reviste mayores dificultades, pero que se convirtio en una odisea considerando el estado fisico en el que nos encontrabamos a esa altura. Entre subir, recorrer y bajar se nos fueron alrededor de diez horas, de las cuales la mayor parte fueron en movimiento. Tomamos el tren de vuelta a las siete de la tarde y a las diez estabamos de vuelta en Cuzco, ducharnos y tomarnos un merecidisimo descanso.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La capital incaica

Cuzco tiene una cosa muy rara para una ciudad, tiene ritmo de pueblo. A que me refiero con esto? A que pese a ser una ciudad y tener todos los atractivos que una ciudad puede ofrecer, su ritmo de vida es cansino, lento, pausado, como el de un pueblo. Esto lo convierte en un lugar extremadamente particular para visitar. Y si a eso le sumamos todos los atractivos que tiene, la capital del imperio inca pasa a convertirse en un destino ineludible. Además, el cambio actitudinal que hay cuando uno cruza la frontera de Bolivia y pasa al Perú hace que todo sea diez veces más atractivo. La llegada a Cuzco fue bien temprano en la mañana, una recostada en la cama por un par de horas y a recorrer. La ciudad está igual a como cuando la dejé hace un año atrás, excepto por una gran ausente: la lluvia. Casi se podría decir que no llovió en toda la estadía, y cuando lo hizo fue apenas una breve lloviznita. La plaza de armas sigue igual, el espacio comercial parece estar expandiéndose, pero en general todo se conserva en el mismo estado. Al día siguiente comenzó la visita a Valle Sagrado, con la sorpresa de que no teníamos descuento de estudiantes por superar la edad (como si ser estudiante fuese una cosa que-hace-uno-cuando-es-chiquito-y-de-grande-no-mas-porque-los grandes-hacen-cosas-de-grandes) . La experiencia pasada me sirvió para tomar la decisión de no ir a Chinchero. No hay mucho realmente y preferí optar por visitar nuevamente Ollantaytambo, tal vez el punto más alejado (2 horas) de Cuzco. A medida que uno se va adentrando en el pueblo y ve mejor la montaña queda impactado por el tamaño de las ruinas (ubicadas, justamente, sobre ella). Luego de rechazar guias a precios exorbitantes emprendimos la recorrida del lugar, con toda la arquitectura típicamente incaica. Un par de horas luego, almuerzo mediante, partimos al pueblo de Maras, de dónde tomamos un taxi que nos llevó a las ruinas de Moray, a unos trece kilómetros del lugar mencionado. La sorpresa fue enorme porque el lugar es increible (además de que el año pasado no había siquiera entrado en el cronograma planeado), unas ruinas ciruclares que se asemejan mucho a las típicas fotos de los sembradíos marcados a fuego por extraterrestres, un lugar extraordinario, y finalmente, ya al día siguiente, las ruinas de Pisac. El pueblo está ubicado a casi una hora de Cuzco, uno llega y tiene dos opciones, caminar desde abajo o subir en taxi y luego ir bajando. Claramente, la segunda fue la opción elegida. Fueron cerca de tres horas recorriendo unas ruinas enormes, que requerían una buena caminata para pasar de una a la otra. Otro punto a favor es la feria que hay en el pueblo que porta el mismo nombre, una de las más bonitas y originales con las que me crucé, siempre dentro del marco de productos típicamente andinos. Pero todavía queda el plato fuerte, el Machu Picchu, pero eso lo dejo para el próximo post.

domingo, 29 de enero de 2012

Y un dia vimos el sol!

La isla en medio del Titicaca lleva el nombre del sol, pero hasta ahora era justamente ese detalle el que no había podido ver en mi estancia. Sin embargo un día salió el sol y podríamos afirmar que el nombre cobró un poco mas de sentido. No soy un gran fanático de los pequeños pueblos, el ideal hippie se escapa bastante del mío. Soy un bicho de ciudad. Disfruto vivir en una y en general cuando viajo a ciudades es cuando mejor la paso. La isla no es la excepción, será muy tranquila, muy calma, con paisajes encantadores e imponentes, sin embargo no logro encontrarme en ése ámbito. O sea, es muy lindo, relajante, todo lo que quieran, pero a mi dame quilombo. La calma y el despojo de todo estilo de vida citadino estan muy bien para un fin de semana o un par de días, pero desarrollé una personalidad que requiere de agua caliente para bañarse, luz eléctrica para leer, y ruido para sentir que no estoy perdiendo el tiempo. Debo reconocer, entonces, que la idea de volver a la isla del sol no me entusiasmó demasiado (aunque un poquito me emocionó la idea de volver a degustar la trucha frita, deliciosa!!!!!!!!!). Fue mas que nada pasar, dar una vuelta, recorrer y al otro día volver a Copacabana para ya sí adentrarnos en el Perú, un país que me maravilló en mi anterior visita. Con Cuzco en la frente partimos rumbo a la capital del imperio incaico.

miércoles, 25 de enero de 2012

El Altiplano

Tren de Uyuni a Oruro (previa espera de casi 7 horas), 7 horas más de viaje y llegada a una ciudad que fue más una pasadita que una estadía. Oruro se caracteriza por el carnaval, tremendamente esperado en éstos lares, sin embargo, no tiene mucho para ofrecer al viajero mas que una vuelta por el centro y un paseo por sus calles. La primera impresión fue, al igual que Potosí, que se trata de una ciudad con un sembalnte triste. Ya no creo que sea casual que los dos lugares mineros por excelencia me hayan dejado ese primer sabor. No hay mucho más para hacer en Oruro y ya para las 11 de la mañana partimos a La Paz, con todas las expectativas. Ya a medida que el micro se acercaba fuimos viendo que se trataba de una ciudad muy especial, particular y bonita (que de noche suma muchísimos puntos). Los atractivos de La Paz tal vez no sean muchos (es más, Tiwanaku tal vez sea el mayor y está a un par de horas de la ciudad -además de no haberlo hecho bajo aviso de que no era la gran cosa-) sin embargo se la rebusca bien para entretener un par de horitas. Arribado el micro, reservado el hostel, salimos disparados a la feria del Alto, como la Salada pero 20 veces más grande. Dando vueltas, tratando de no tentarse ante cada ofertón (camperas Columbia o The North Face a $150 argentinos!, obviamente "usadas"), estuve a punto de hacerme de un Godzilla de juguete pero el pudor (y lo berreta del producto) pudieron más. Por la noche salimos a caminar al centro y nos encontramos con la sorpresa de que se celebraba el 2º aniversario del Estado Plurinacional. Bailes tradicionales, grupos folklóricos, de teatro nos dieron una bienvenida perfecta. Al día siguiente si, a recorrer la ciudad. Caminamos por el mercado negro, el mercado de las brujas, la iglesia de San Francisco y el Parque Laikacota. Parece poco, pero las calles empinadas hicieron que eso nos tomara todo el dia. Finalmente el martes fuimos a buscar chucherías por la zona de Sagarnaga (al costado de la iglesia de San Francisco), luego nos colamos en el famoso Hernando Siles (donde juega la selección de Bolivia), conocimos la Cinemateca Nacional y el mercado de las Alasitas, cuadras y cuadras de puestos vendiendo miniaturas y articulos religiosos. No era descabellado cruzarse (en realidad, TODO EL TIEMPO) con gente que vendía miniaturas de billetes (al grito de u$s1000 1 bolivianoooo) o titulos de bachiller, universitarios, maestrías, etc. Todo matizado por el característico hedor de las calles del altiplano (una mezcla de sahumerios, coca, pollo frito, ajíes, etc.) que no dejan de acompañar a la gente, especialmente en los micros. La Paz resultó ser una sorpresa, tal vez no al nivel de lo que fue Potosí, pero es una ciudad atractiva para visitar. El próximo objetivo es Copacabana y La Isla del Sol, para luego sí ir a Cuzco.

lunes, 23 de enero de 2012

El desierto blanco

Uyuni es el salar. O sea, no hay más que eso para ver. Ni más ni menos que el salar. Uyuni es un pueblo con un pasado importante dentro de la historia ferroviaria de Bolivia, pero hoy de eso no queda casi nada, y el 50% de la industria está abocada al turismo (aunque yo me animaría a decir más). Existen dos tipos de excursiones para hacer, y ámbos difieren enormente en la cantidad de tiempo necesario para llevarlos a cabo. Por un lado la excursión de un día, que te lleva al cementerio de trenes, Colchani (un pueblo cuya razón de ser es vender esculturas de sal, además de estar muy cerca del salar) y finalmente el plato fuerte, el Salar de Uyuni. Por otra parte, la excursión de tres días que te lleva, además de al salar, a laguna verde y laguna colorada (entre otros). Por cuestiones de tiempo decidimos hacer el tour de un dia. Muy a pesar de mi escepticismo, me encontré con otro destino imperdible e increible. Es, literalmente, un desierto de sal, un desierto blanco. Kilómetros y kilómetros de salitre en el piso y un sol abrasador en el firmamento, en un contexto de 3650m de altura. El cielo juega un papel fundamental, ya que le da un contexto mágico, además de ser un contraste ideal a tanto blanco. Fundamental para ir: protector solar, una gorra y anteojos de sol. Sin los lentes oscuros se hace imposible ver, además de ser dañino para los ojos. A la vuelta nos esperaba el tren (previa espera de casi 6 horas) y los nuevos destinos: Oruro, primero, para luego ir a La Paz, la capital de Bolivia.

jueves, 19 de enero de 2012

Primeras impresiones de Bolivia

Pasó Tupiza, estoy cerrando la estancia en Potosí, así que puedo dar unas primeras impresiones sobre la República Plurinacional de Bolivia. En primer lugar, estamos hablando de un paíus muchísimo más grande de lo que parece. Al ver un mapa de Sudamérica Bolivia parece quedar relegado, sin embargo es un territorio vasto, lleno de riquezas y de lugares fantásticos para conocer. Ese es el punto a favor. En contra le juega el altísimo grado de improvisación que parecen manejar constantemente. Da la impresión que el turismo se les cayó encima de la nada y no es un resultado de los maravillosos destinos que tiene y de un plan por fomentar el turismo. A que voy con esto, los lugares podrán ser increibles, pero ante cada compra que querés hacer sentís que te están cagando. Lo he vivido personalmente, que te den un precio, pegar media vuelta e irte, volver al rato y que te pidan casi la mitad. Comprendo que es un pais pobre y que hay que rebuscarsela, pero el sentimiento de sentirte cagado no es algo que se vaya. Más allá de esto, paso a contar un poco como se desarrollaron los días en la tierra de Evo Morales. Después de esperar 4 horas en la frontera La Quiaca-Villazón, fuimos directo a Tupiza, un pueblo que tal vez no diga mucho, pero que está rodeado por unos lugares increibles. Visitamos el Cañon del Inca, La puerta del diablo y el valle de los machos, con todas formaciones rocosas que tienen forma fálica. Parecen pijas, bah!!!!! Tras dos noches, salimos a Potosí, y debo decir que me sorprendió gratamente. Me encontré con una ciudad con un aire muy triste, pero de una arquitectura espectacular, muy española, todo vigilado de cerca por el Cerro Rico. La visita a la mina es una obligación (siempre que se pueda sortear la cuestión ética de ir a meterse al lugar de trabajo de otro) . Resultó ser una experiencia increible, que incluyó un simulacro de detonación de dinamita y todo. Antonio, un ex minero, fue el guia ideal para la travesía (realmente agotadora, por cierto, tanto en lo físico como en lo emocional). Ver las condiciones en las que trabaja la gente fue muy movilizante, es difícil no sensibilizarse entrando a un lugar con tanta carga histórica para los latinoamericanos. A fin de cuentas, las minas de Potosí fueron el motor económico de los virreinatos en América Latina. En resúmen, Potosí resultó ser un destino encantador, más allá de los contratiempos y la emotividad que parece rodear todo lo que sucede ahí. Próximo destino: Uyuni.

domingo, 15 de enero de 2012

Cuando empiezan las novedades

Hasta ahora la tónica era recorrer lo ya recorrido, una especie de acentuación para la mente respecto a ciertos lugares. Pasaron 3 días barbaros en Humahuaca, una ciudad que me encanta, pero ya es tiempo de empezar con la subida. Mañana a las 9:20hs nos tomaremos el micro a La Quiaca, de ahí cruzar a Villazón para luego ir derecho a Tupiza. Basicamente, empieza la visita a lugares nuevos, novedosos. En algún punto Bolivia es una incógnita en mi mapa mental, no se que puede esperarme, pero voy preparado para cualquier cosa. Respecto a la estancia en el NOA, me sorprendió principalmente lo lleno que está todo. Por otra parte, se reafirmaron ciertos conceptos que tenía sobre los distintos lugares. Purmamarca coserva la magia (muy a pesar de tooooooooooooda la gente que había), Tilcara me terminó de confirmar que no me gusta, mucha gente, un turismo muy destructivo, me recordó a Villa Gesell. Finalmente Humahuaca, en donde estuvimos quedándonos todos estos días. El lugar es tremendo, la capital de la Quebrada que lleva su nombre. Igual, hay algo que ayuda mucho a pasarla bien en un lugar y es encontrar un buen alojamiento. Está claro que este es uno de esos casos. Segunda vez que vengo a este hostel y, al igual que los lugares, reafirmó mi opinión sobre el lugar. Muy buena onda de la gente, los dueños, hasta los animales en la calle parecen ser más simpáticos!
En resúmen, hasta ahora el viaje sirvió para galvanizar conceptos previos, de ahora en más todo novedades!

viernes, 13 de enero de 2012

TIERRA A LA VISTA!

Ok! No es que hayamos hecho la travesía de Cristóbal Colón ni tuvimos un Rodrigo Pinzón indicándonos el avistaje de tierra firme, sin embargo, luego de hacer Buenos Aires-San Salvador (entre 20 y 22 horas) y, tras 10 minutos, tomar otro micro a Humahuaca (3 horas más) la sensación es parecida. San Salvador no llamaba mucho la atención y las reseñas previas no la hacían un destino muy potable. Por suerte (por suerte?) encontramos un micro que salía a los diez minutos de haber llegado, así que ni lo dudamos y encaramos derecho para Humahuaca. Se preguntarán el motivo por el cual, tras semejante viaje, decidimos elegir el punto más alejado del trinomio más turístico. Bueno, principalmente fue la cuestión hotelera. Para conseguir alojamiento en Purmamarca hay que buscarlo temprano, cosa que nosotros no podríamos. Tilcara tiene más capacidad hotelera, sin embargo escuchamos el rumor que casi no quedaban lugares disponibles (lógico, teniendo en cuenta que es un punto intermedio entre Humahuaca y Purmamarca) así que finalmente decidimos apostar por nuestro actual destino, y utilizarlo de base para todos lados. En segundo lugar, es el punto (de los tres que ya nombré) más cercano a La Quiaca. Arribamos alrededor de las 18hs y estuvimos dando vueltas por el centro, bah.... perdiéndonos por ahí! Más allá de todo, el mayor beneplácito es poder dormir cómodo, en una cama, poder estirar las piernas sin miedo de arrancarle la cabeza al pobre desafortunado que tuvo por suerte sentarse delante de uno. 20:50hs ya, tiempo perfecto para salir a buscar una buena cerveza, y claro una o dos empanadas!

jueves, 12 de enero de 2012

Me vooooooooy!!


Finalmente llegó el día! Son las 12, en 4 horas me tomo el micro a San Salvador de Jujuy. Tendría que terminar de armar el bolso, no? A partir de ahora se terminan los inciertos sobre que haremos, que no, etc. Mañana a las 14 estaré llegando a la capital jujeña, y ahi el cansancio determinará si nos quedamos o seguimos a Purmamarca o donde sea! por lo pronto lo importante ahora es que ya tengo todo, faltaría embalarlo nada más, se hace en dos minutos! Mañana empiezan las certezas, se viene lo concreto, lo tangible, las vacaciones carajoooooooooooooooooooo!

miércoles, 11 de enero de 2012

Ouch!!!

Se viene el viaje y con el todos los preparativos previos. A pesar de ya ser una costumbre, no deja de quemarme la cabeza tener que armar el bolso a último momento. Bah!!! al menos tengo separadas las medias y los calzones. Una cosa muy favorable es lo económico que resulta toda la región a la que estoy por ir, al punto que me permite olvidarme de algo y poder comprarlo por ahí a un precio bastante menor al que hubiese pagado en Capital. Ayer fue un día exclusivo de vacunas, 3 pinchazos diferentes en un lapso de 15 minutos (Tifoidea, Doble Adultos y Heptatitis A), sumado a pastillas para la Malaria y unas especiales para la diarrea. Hace dos dias que mis brazos laten (literlamente). Por ahora no mucho mas, sólo los nervios del viaje venidero, tan cercano ya!

lunes, 9 de enero de 2012

En sus marcas...

El viaje se me está viniendo encima y yo no pude prerarar nada aún. Un desastre!!!! El primer destino confirmado es San Salvador de Jujuy, ciudad que no conozco y dónde seguramente nos quedaremos esa primer jornada. A partir de ahí es todo incierto (más allá de ciertos puntos clave que vamos a ir, por ej: Cuzco). Tupiza? Uyuni? Potosí? Oruro?? y estoy nombrando Bolivia nada más. La ruta nos irá llevando, el camino es largo pero también apasionante. Tener la chance de volver a ciertos lugares que ya conozco va a ser de mucha ayuda para descartar ciertos puntos y aprovechar para conocer otros, logicamente, pero también para disfrutar de nuevo de esos paisajes, la gente, las comidas, etc. Pero volviendo a los problemas del hoy y el ahora, tengo que armar urgente el bolso, no sea cosa que tenga que comprar algo a último momento.