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miércoles, 8 de febrero de 2012

La ciudad blanca

A la vuelta de Machu Picchu la siguieron un par de dias de merecido descanso. Basicamente se trató de hacer vida de hostel, o sea, salir a dar la quincuagésima vuelta por el centrito, algún que otro lugar no demasiado alejado y volver al lugar donde uno se está quedando. El siguiente destino fué Arequipa, ciudad que me resultó esquiva (por cuestiones económicas) el año pasado. 16 horas de micro y a las 9 de la mañana llegamos a la que es conocida como La Ciudad Blanca, ya que la mayor parte del centro y edificios característicos están construidos con una roca de origen volcánico. A su vez, se trata de la segunda ciudad mas grande del Perú, sólamente superada por la capital, Lima. La plaza de armas es muy pintoresca aunque no demasiado grande y la recorrimos en un par de horas. Al día siguiente arrancamos bien temprano en la madrugada (exactamente, a las 3:00 AM) para hacer el tour por el Cañón del Colca. El motivo principal por el que fue imperioso arrancar tan temprano fue debido a la distancia (cinco horas) que separan a Arequipa del susodicho Cañón. La primer parada fué en el mirador de la cruz del cóndor, en dónde pudimos avistar al ave más grande de la región. Son animales imponentes, que transmiten un respeto innato, uno tiene la constante sensación de que tranquilamente podría ser tomado entre sus garras y llevado al nido con la misma facilidad con la que uno levanta un gatito. El siguiente lugar fue otro mirador, en dónde pudimos apreciar con mayor detalle el ecosistema. El cañón es un lugar que merecía un tour más extenso, pero por cuestiones de tiempo tuvimos que reducirlo a un solo dia. Antes de almorzar pudimos disfrutar de unos baños termales para luego emprender el retorno al hostel. Una noche reparadora y último dia en Arequipa para luego viajar a Lima.

jueves, 2 de febrero de 2012

Machu Picchu

En general no se encuentran muchas novedades cuando uno repite destino al año siguiente de haber viajado. En algun punto, un año es poco tiempo para que algo cambie de manera tan cuantiosa que uno no pueda sorprenderse nuevamente. Podria decirse que Machu Picchu es la excepcion a la regla. Ya sea por el clima, porque uno emprendio una nueva ruta, o por lo que sea, el lugar siempre sorprende. En mi caso, fueron varias las novedades respecto de ese primer contacto en febrero del 2011. La primer novedad fue la implementacion de una tarifa para acceder a Wayna Picchu (y a la montaña Machu Picchu), algo asi como nueve dolares. El hecho de haber tenido que adquirir el ticket para Wayna Picchu por anticipado le permite a uno tomarse un rato mas para dormir, a diferencia de la otra en donde el acceso era por orden de llegada. Emprendimos la subida a eso de las 5:30, 6:00am, para estar subiendo a "la montaña joven" a las 7:45. Al llegar a la cima nos tomamos un respiro, las fotos correspondientes y decidimos encarar para el lado de la Gran Caverna, una caminata en bajada de alrededor de cuarenta minutos. Alli, tras todos los pasos protocolares correspondientes (fotos, descansar, rezongar porque "estos incas de mierda y las escaleras del orto estas!!!", etc.) comenzamos la vuelta a las ruinas, una caminata en subida de una hora y media nada mas (dentro de las cuales, 3/4 partes fueron insultos a la memoria incaica por su insistencia a la hora de utilizar escaleras). Luego de un merecido almuerzo hicimos el correspondiente tour por el parque (bajo la lluvia) y finalmente encaramos para la puerta del sol, un trayecto recto, que no reviste mayores dificultades, pero que se convirtio en una odisea considerando el estado fisico en el que nos encontrabamos a esa altura. Entre subir, recorrer y bajar se nos fueron alrededor de diez horas, de las cuales la mayor parte fueron en movimiento. Tomamos el tren de vuelta a las siete de la tarde y a las diez estabamos de vuelta en Cuzco, ducharnos y tomarnos un merecidisimo descanso.